
Con una mirada alegre y tierna a la vez, Doris se pone sus zapatos blancos, una medias veladas q exaltan sus piernas, un tanto cortas y un gorro que se asemeja al de un marinero; se dirige hacia la puerta principal de su casa, se despide de su hija, y toma el taxi que la conduce directamente al lugar de su trabajo.
Al otro lado de la ciudad, Pedro, un estudiante de ingeniería civil de la universidad Francisco de Paula Santander, hace lo propio, se pone su camiseta de moda, unos pantalones rotos y zapatos anchos, se sube a su auto y toma un rumbo desconocido.
Ahora bien la pregunta es: ¿podrán encontrarse estos dos personajes tan distintos ésta noche? ¿Qué tendrá preparado el destino? A continuación:
GRITOS DE DOLOR
Sábado 30 de mayo 8 Pm
Doris, auxiliar de enfermería de la clínica Norte llega a su puesto de trabajo, saluda a sus compañeros, toma un café y se sienta a conversar un rato, derrepente su tranquilidad es interrumpida, a lo lejos se escucha la sirena de una ambulancia, ella inmediatamente se levanta y se dispone a prestar los primero auxilios a quien lo necesite.
Jairo Monglobejo, Carmen Rentería y William Palacios, conductor, paramédica y técnico operativo de la defensa civil Colombiana en su orden, han traído a un joven alto aproximadamente de 18 años, quien sufrió un accidente automovilístico, “aparentemente y según declaraciones dadas por los testigos excedió los límites de velocidad, sumado a esto se encontraba en estado de embriaguez a nosotros nos pidieron el servicio, llamando al 144, y asistimos inmediatamente, pues siempre estamos listos en paz o emergencia para atender cualquier llamado” nos comenta Carmen Rentería mientras se dispone a marcharse, su labor ya ha sido cumplida.
Dos seres que no se conocen, y hoy topan sus vidas, uno le salva la vida al otro o por lo menos le presta los primeros auxilios y está pendiente de él.
“El paciente presenta un politraumatismo, fractura de fémur y de cadera, se les están tomando las placas para llamar al ortopedista para ver si lo pasa de una vez a cirugía o lo hospitaliza para seguir en tratamiento” nos explica Doris quien muy amablemente después de atender a aquel muchacho de contextura delgada, accedió nuevamente a colaborar dando el reporte médico.
Como éste joven son muchos los casos que existen en Cúcuta y su área Metropolitana, adolescentes que salen sin medir consecuencias y son “atrapados” por la mala hora como dirían las abuelas, pero eso sí, afortunadamente contamos con personas y entidades como Doris y la defensa civil que siempres están dispuestas a colaborar, sin importar la hora ni el día, pues como dice aquel viejo refrán; las tragedias no tienen horario ni fecha en el calendario.
Accidentes de tránsito, heridos por armas de fuego, intoxicados, embarazadas a punto de dar a luz entre otros , son uno de los cuantos casos que llegan día a día a este centro médico.
Una noche en la clínica norte, es sin duda alguna una experiencia traumática pero a la vez llena de adrenalina, es ver como tantas personas que de una u otra forma se disponen a divertirse terminan gracias a excesos, accidentes e imprudencias en cuatro paredes blancas, lamentándose y expresando gritos de dolor.